caías. como una pluma amarrada a un ancla por un abismo sin final. estabas asustada y no tenías a quien correr. ni como. pero sacaste fuerzas, de donde no tenías, para sonreír y decirme que no estabas sola. te preocupaste por ayudarme a ver a mi alrededor, aún cuando debías ocuparte de buscar la forma de soltarte y ser libre. de volar. no te fuiste nunca. ni siquiera cuando lograste que entendiera que no eras tú quien caía.
eres mi ángel.